La condición mujer siento que es confusa incluso para nosotras. Ser mujer es más que portar, cuidar y lucir la figura femenina. Va más allá de entaconarse y recorrer nuestro día subida en ellos; maquillarse, algunas de más, algunas de menos y otras con la naturalidad que da la cara lavada; cargar una bolsa con cuatro kilos de contenido, gracias al monedero, cosmetiquera, crema, perfume, cepillo, pastillas, chiclets, costurero, pluma, agenda, celular, llaves,kleenex o toallitas húmedas y todavía cargarla trepadas en nuestros hermosos zapatos de tacón para agregarle emoción al día; evitar mostrar las canas, las arrugas; cuidarse el cabello; las uñas...
No sólo se encierra en las múltiples actividades que realizamos del diario, no sólo somos madres, esposas, hijas, hermanas, amigas, trabajadoras, amas de casa y todas las acciones que realizamos en torno a esos roles: sicólogas, cocineras, taxistas, gps (mami dónde está mi celular, mi mochila, donde dejé la tarea...) consejeras, referis, entrenadoras, coreógrafas, decoradoras, lavadoras, niñeras, enfermeras, veterinarias, jardineras....
Ser mujer va mucho más allá que todo lo anterior y lo que se vaya acumulando con el paso de los días, de los hijos, del trabajo, estudio... Nos hemos enfocado y mucho es porque así nos han educado, a los demás y hemos basado nuestra condición en función del otro.
Nos hemos olvidado de nuestra esencia, hemos dejado en el camino nuestro valor. Todo lo que hacemos en el día, no es porque seamos una máquina multiusos o seamos superdotadas; es porque en principio, somos dadoras de vida, biológica y espiritual. Nuestro cuerpo es un milagro que hasta el día de hoy la ciencia no puede igualar, ni entender. Nuestra alma tiene la capacidad de darno esa paz y ese arraigo, así como de brindar a los demás seguridad.
De ahí parte nuestra esencia, nuestra fortaleza, nuestra sensibilidad. Somos capaces de ayudar, de entender, de emocionarnos, de llorar, de luchar. Tenemos una perfecta combinación de inteligencia e intuición que nos ayudan a desempeñar nuestro trabajo, nuestra profesión, nuestra vocación.
Se nos olvida lo exquisitas que somos, lo maravillosas, y tratamos de conquistar espacios en el mundo con la bandera de un feminismo mal entendido. No somos hombres, no tenemos ni su anatomía, ni su estructura mental. Feminismo es eso SER MUJER,conciendo nuestras capacidades, valores, conocimiento, sabiduría, fortalezas para ponerlo en práctica en la vida; pero al mismo tiempo saber nuestros errores y debilidades y estar dispuestas a corregirlos, superarlos o en caso dado, a no dejarnos arrastar por ellos.
Cuándo empezamos a ser insensibles a nosotras mismas? En que punto del camino nos perdimos, buscando afanosamente glorias ganadas a costa de olvidar nuestra naturaleza?
lunes, 26 de marzo de 2012
sábado, 24 de marzo de 2012
Quiero aprovechar este espacio para compartir la experiencia que me fue permitida vivir el día de ayer: Tuve la gracia de estar en el Aeropuerto de León para dar la bienvenida al Papa Benedicto XVI.El estar esperando a que llegara el avión, tuve tiempo de reflexionar un poco acerca de mi fe, de mi religión. Soy católica en un principio, por que así fui educada. Recibí en casa la base de mi fe.
Con el paso del tiempo, las dudas no fueron la excepción; creo que es normal que cuando uno está en la prepa, se cuestione muchas cosas de su vida, desde el modo en el que está siendo educado por sus padres, estilo de vida y por supuesto la religión.
Yo decidí estudiar y entender mi creencia religiosa no por herencia familiar; sino por verdadera y sólida convicción. Y eso hice. En mi afán de despejar dudas, de aclarar misterios de fe decidí estudiar, leer, preguntar, pero sobre todo, participar, vivir mi fe.
De pequeña en casa me enseñaron que para hablar con Dios está el rezo del Rosario, el librito de 15 minutos de oración, catecismos, libritos de oraciones. Que solo así me escucharía. Conforme crecí y asistía al catecismo, y me adentraba a algunos movimientos católicos me di cuenta de que podía hablar con Dios de la misma manera en la que hablo con la gente. Así de simple. No hay fórmulas especiales como en las matemáticas, no hay protocolos, no hay un abc. Simplemente las ganas y la necesidad de comunicarme con El y la seguridad de saber que me escucha de manera atenta.
Y estando bajo un tremendo solazo y rodeada de cientos de personas, llegué a la conclusión de que me da orgullo decir que soy católica, y lo soy hoy en día por decisión propia. Conozco mi religión y conozco mi fe y siento que cada día es más sólida. Y espero estar dando a mis hijos las respuestas correctas en sus momentos de duda, confío en darles los elementos necesarios, para que en su momento ellos puedan asumir su fe y su religión de manera personal y con amor.
Qué me hace desear eso? El oir a un hombre que ha pasado su vida estudiando, razonando la fe. las Escrituras y hablar con tanta serenidad y dulzura del amor, de la espranza, de la paz, de la oración. Oir a un hombre que humanamente es frágil, pequeño, anciano; pero espiritualmente fuerte, sólido, grande, joven, vigoroso; me da testimonio de que vivir y sentir a Dios da esos dones. Y yo quiero vivirlos y quiero que mis hijos los vivan.
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Con el paso del tiempo, las dudas no fueron la excepción; creo que es normal que cuando uno está en la prepa, se cuestione muchas cosas de su vida, desde el modo en el que está siendo educado por sus padres, estilo de vida y por supuesto la religión.
Yo decidí estudiar y entender mi creencia religiosa no por herencia familiar; sino por verdadera y sólida convicción. Y eso hice. En mi afán de despejar dudas, de aclarar misterios de fe decidí estudiar, leer, preguntar, pero sobre todo, participar, vivir mi fe.
De pequeña en casa me enseñaron que para hablar con Dios está el rezo del Rosario, el librito de 15 minutos de oración, catecismos, libritos de oraciones. Que solo así me escucharía. Conforme crecí y asistía al catecismo, y me adentraba a algunos movimientos católicos me di cuenta de que podía hablar con Dios de la misma manera en la que hablo con la gente. Así de simple. No hay fórmulas especiales como en las matemáticas, no hay protocolos, no hay un abc. Simplemente las ganas y la necesidad de comunicarme con El y la seguridad de saber que me escucha de manera atenta.
Y estando bajo un tremendo solazo y rodeada de cientos de personas, llegué a la conclusión de que me da orgullo decir que soy católica, y lo soy hoy en día por decisión propia. Conozco mi religión y conozco mi fe y siento que cada día es más sólida. Y espero estar dando a mis hijos las respuestas correctas en sus momentos de duda, confío en darles los elementos necesarios, para que en su momento ellos puedan asumir su fe y su religión de manera personal y con amor.
Qué me hace desear eso? El oir a un hombre que ha pasado su vida estudiando, razonando la fe. las Escrituras y hablar con tanta serenidad y dulzura del amor, de la espranza, de la paz, de la oración. Oir a un hombre que humanamente es frágil, pequeño, anciano; pero espiritualmente fuerte, sólido, grande, joven, vigoroso; me da testimonio de que vivir y sentir a Dios da esos dones. Y yo quiero vivirlos y quiero que mis hijos los vivan.
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jueves, 22 de marzo de 2012
La ventaja de tener la edad que tengo, es que conozco mi cuerpo más que bien. Hace años era una mortificación y todo un circo si tenía algún evento importante que requiriera vestido, zapatos, peinado, maquillaje, desde el momento de saber del compromiso, la misión era encontrar el outfit adecuado para el momento y era el peregrinar por plazas comerciales tiendas, internet, buscando el atuendo y accesorios perfectos para la ocasión.
E iba a las tiendas y me probaba vestido tras vestido, buscando el perfecto, el que me hiciera ver y sentir maravillosa. Sin saber exactamente que era lo que buscaba, qué estilo, qué color, qué tela.. nada, yo solo quería un vestido divino! Que cuando me lo pusiera, pasara lo mismo que cuando Harry Potter encontró la varita adecuada: todo se iluminó alrededor.
Y para eso tenía que ver todos los vestidos posibles, entallados, escotados, con lentejuela, de gasa, de seda, de encaje, corto, largo, de tirantes, con mangas, sin majgas...vestidos realmente lindos, pero cuando me los ponía no se veían tan lindos en mi cuerpo. Vamos no niego que al verlo me imaginaba con él puesto y me veía como supermodelo.
Pero ya parada frente al espejo, la realidad era diferente, o no se parecían a nada a un vestido, o no se le veía forma alguna, o no se "apreciaba" el bello trabajo realizado en la tela, o me aumentaban 15 años 20 kilos dos maridos y tres nietos... O estaban aquellos tan adornados que al verme me parecía más a una drag queen que a una mujer.... Más de un vestido me llenaba el ojo, pero no lo llenaba mi cuerpo, me sentía una Mónica Belluci y en realidad era Oliva la de Popeye...
Y regresaba a casa, cansada, desilusionada, de genio,"nada me queda bien" y en realidad no era así. El caso era que buscaba algo que no iba conmigo, ni con mi cuerpo, ni con mi estilo. Pero eso no era el problema en ese tiempo, "era yo" y entonces empezaba de nuvo la enumeración de defectos, de errores, la autoestima entonces tomaba su taladro y seguía su camino bajo tierra, buscando petróleo... Y envidiaba a aquellas que los vestidos les quedaban como mandados a hacer, todo un drama por un vestido, ¡un vestido!
Con el paso del tiempo he aprendido a ver mi cuerpo en base a los atributos y menos a sus defectos. Me enfoco a aquello que quiero destacar y no sólo con la ropa de gala, sino con la ropa de diario. Hoy en día años después, 3 embarazos (globos aerostático, por cierto) mi cuerpo ha cambiado bastante, si tomamos en cuenta que el día de mi boda medía 1.70y pesaba 45 kilos, hoy me veo bastante "repuesta" con algunos kilos de más; sigo delgada, pero las tallas son otras, además de que tengo más definido mi estilo de vestir.
Hoy ya nome torturo andando de tienda en tienda ni probandome cuanto vestido se me aparece enfrente. Hoy conociendo mi cuerpo y mis virtudes físicas, me dedico más a resaltar eso, a sentirme cómoda y segura. Que cuando me veo en el espejo, veo esa luz en mi cara y esa sonrisa de "me gusto, me quiero y me veo guapísima!".
No se me han quitado mis defectos, pero no me afectan hoy me llevo bien con ellos, estamos en una tregua permanente. Es mi único cuerpo debo no sólo de aceptarlo, sino quererlo y cuidarlo para que me dure y si además lo adorno y presento de manera que se vea mucho mejor los resultados son maravillosos y salen a la luz, los demás se dan cuenta, yo me doy cuenta.
Ya no pretendo verme como artista o modelo, quiero verme como soy. Soy mi propio lienzo en blanco, mi propio modelo a seguir y la verdad, me gusta más lo que veo hoy en el espejo que lo que veía cuando era una jovencita, por qué? porque me quiero más hoy que cuando estaba en los tempranos veintes...
E iba a las tiendas y me probaba vestido tras vestido, buscando el perfecto, el que me hiciera ver y sentir maravillosa. Sin saber exactamente que era lo que buscaba, qué estilo, qué color, qué tela.. nada, yo solo quería un vestido divino! Que cuando me lo pusiera, pasara lo mismo que cuando Harry Potter encontró la varita adecuada: todo se iluminó alrededor.
Y para eso tenía que ver todos los vestidos posibles, entallados, escotados, con lentejuela, de gasa, de seda, de encaje, corto, largo, de tirantes, con mangas, sin majgas...vestidos realmente lindos, pero cuando me los ponía no se veían tan lindos en mi cuerpo. Vamos no niego que al verlo me imaginaba con él puesto y me veía como supermodelo.
Pero ya parada frente al espejo, la realidad era diferente, o no se parecían a nada a un vestido, o no se le veía forma alguna, o no se "apreciaba" el bello trabajo realizado en la tela, o me aumentaban 15 años 20 kilos dos maridos y tres nietos... O estaban aquellos tan adornados que al verme me parecía más a una drag queen que a una mujer.... Más de un vestido me llenaba el ojo, pero no lo llenaba mi cuerpo, me sentía una Mónica Belluci y en realidad era Oliva la de Popeye...
Y regresaba a casa, cansada, desilusionada, de genio,"nada me queda bien" y en realidad no era así. El caso era que buscaba algo que no iba conmigo, ni con mi cuerpo, ni con mi estilo. Pero eso no era el problema en ese tiempo, "era yo" y entonces empezaba de nuvo la enumeración de defectos, de errores, la autoestima entonces tomaba su taladro y seguía su camino bajo tierra, buscando petróleo... Y envidiaba a aquellas que los vestidos les quedaban como mandados a hacer, todo un drama por un vestido, ¡un vestido!
Con el paso del tiempo he aprendido a ver mi cuerpo en base a los atributos y menos a sus defectos. Me enfoco a aquello que quiero destacar y no sólo con la ropa de gala, sino con la ropa de diario. Hoy en día años después, 3 embarazos (globos aerostático, por cierto) mi cuerpo ha cambiado bastante, si tomamos en cuenta que el día de mi boda medía 1.70y pesaba 45 kilos, hoy me veo bastante "repuesta" con algunos kilos de más; sigo delgada, pero las tallas son otras, además de que tengo más definido mi estilo de vestir.
Hoy ya nome torturo andando de tienda en tienda ni probandome cuanto vestido se me aparece enfrente. Hoy conociendo mi cuerpo y mis virtudes físicas, me dedico más a resaltar eso, a sentirme cómoda y segura. Que cuando me veo en el espejo, veo esa luz en mi cara y esa sonrisa de "me gusto, me quiero y me veo guapísima!".
No se me han quitado mis defectos, pero no me afectan hoy me llevo bien con ellos, estamos en una tregua permanente. Es mi único cuerpo debo no sólo de aceptarlo, sino quererlo y cuidarlo para que me dure y si además lo adorno y presento de manera que se vea mucho mejor los resultados son maravillosos y salen a la luz, los demás se dan cuenta, yo me doy cuenta.
Ya no pretendo verme como artista o modelo, quiero verme como soy. Soy mi propio lienzo en blanco, mi propio modelo a seguir y la verdad, me gusta más lo que veo hoy en el espejo que lo que veía cuando era una jovencita, por qué? porque me quiero más hoy que cuando estaba en los tempranos veintes...
miércoles, 21 de marzo de 2012
Ser mujer no es algo simple. Los hombres se quejan demasiado de nuestra naturaleza (si entienden esa palabra? naturaleza?) Para nosotras créanlo o no también es un misterio, confusión, dolores de cabeza, sentimientos de soledad y de incomprensión...
Añadan edad, condición social, hijos, trabajo, estudios, la cosa se convierte en un circo de tres pistas. No es lo mismo para una tener 20 años y sentir la vida a favor, tiempos, sueños; todo es más sencillo, tiene sentido lo que hacemos, nuestra incipiente rebeldía, nuestras salidas, las ganas de coquetear, las conquistas de una tarde, de un verano. Que ya estar cerca cada vez más a las cuatro décadas (señora de las 4 décadas, diría Arjona en su intento de conquistar a una mujer mayor)
Ya las cosas tienen otro color (el rosa paso de largo y lo vemos en fiestas infantiles, bautizos y nos preguntamos por qué ese afán de estereotipar desde el nacimiento al niño y a la niña) ya vemos una gama más completa de colores fuera del arco iris, en ocasiones la vida parece en blanco y negro, otra en colores sepia y otras con colores tan brillantes, como el campo después de una buena lluvia.
Ya tomamos la vida más en serio, las responsabilidades, el trabajo ya no es sólo tener dinero para el antro, para los zapatos, la blusa, el salón de belleza; ya tiene otra utilidad la renta o la mensualidad de la casa, del carro, colegiaturas, clases especiales para los niños, vacaciones en familia...
Hay días en los que te levantas y te miras al espejo y te asustas, no sólo es el maravilloso peinado que durante la noche elaboró la almohada o las ojeras o la marca de la colcha en la mejilla. Sino el paso del tiempo, lo mucho que ha cambiado tu rostro, tu piel, el mirar de tus ojos, tu sonrisa.
Ser mujer es un mundo paralelo, subidas en tacones, con niños de la mano, bolsa, mochilas, llaves, listas de pendientes, citas, tareas. Ser de todo un poco cada día, consejera, cocinera, sicólogo, gps, taxista, maestra, estilista, tintorería, etc. Y estar en la mejor disposición para todos en todo momento, no existe el dolor de cabeza, la gripa, el cansancio...
Ser mujer es un don, es un maleficio, en una condición, es un estado de vida y cada día que pasa, cada momento nos enriquece, nos fortalece, nos identifica. Si se disfrutaron los veintes, se deben gozar los treinta, ¿cómo serán de interesante los 40's?
Añadan edad, condición social, hijos, trabajo, estudios, la cosa se convierte en un circo de tres pistas. No es lo mismo para una tener 20 años y sentir la vida a favor, tiempos, sueños; todo es más sencillo, tiene sentido lo que hacemos, nuestra incipiente rebeldía, nuestras salidas, las ganas de coquetear, las conquistas de una tarde, de un verano. Que ya estar cerca cada vez más a las cuatro décadas (señora de las 4 décadas, diría Arjona en su intento de conquistar a una mujer mayor)
Ya las cosas tienen otro color (el rosa paso de largo y lo vemos en fiestas infantiles, bautizos y nos preguntamos por qué ese afán de estereotipar desde el nacimiento al niño y a la niña) ya vemos una gama más completa de colores fuera del arco iris, en ocasiones la vida parece en blanco y negro, otra en colores sepia y otras con colores tan brillantes, como el campo después de una buena lluvia.
Ya tomamos la vida más en serio, las responsabilidades, el trabajo ya no es sólo tener dinero para el antro, para los zapatos, la blusa, el salón de belleza; ya tiene otra utilidad la renta o la mensualidad de la casa, del carro, colegiaturas, clases especiales para los niños, vacaciones en familia...
Hay días en los que te levantas y te miras al espejo y te asustas, no sólo es el maravilloso peinado que durante la noche elaboró la almohada o las ojeras o la marca de la colcha en la mejilla. Sino el paso del tiempo, lo mucho que ha cambiado tu rostro, tu piel, el mirar de tus ojos, tu sonrisa.
Ser mujer es un mundo paralelo, subidas en tacones, con niños de la mano, bolsa, mochilas, llaves, listas de pendientes, citas, tareas. Ser de todo un poco cada día, consejera, cocinera, sicólogo, gps, taxista, maestra, estilista, tintorería, etc. Y estar en la mejor disposición para todos en todo momento, no existe el dolor de cabeza, la gripa, el cansancio...
Ser mujer es un don, es un maleficio, en una condición, es un estado de vida y cada día que pasa, cada momento nos enriquece, nos fortalece, nos identifica. Si se disfrutaron los veintes, se deben gozar los treinta, ¿cómo serán de interesante los 40's?
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